Nos enseñó a escuchar incluso después de entregar.
En 2008, nuestro padre pidió a Pablo Estrella administrar uno de los edificios construidos por la empresa. No buscaba abrir una nueva línea de negocio. Quería escuchar a los copropietarios, comprender qué funcionaba después de la entrega y reconocer con honestidad qué podíamos hacer mejor en los siguientes proyectos.
Ese gesto —quedarse, escuchar y seguir aprendiendo— cambió nuestra manera de entender un edificio. Descubrimos que la responsabilidad no termina al entregar las llaves. Continúa en la convivencia, el mantenimiento, las finanzas y la confianza cotidiana. Así nació nuestra administración: no desde una estrategia comercial, sino desde el deseo de cuidar mejor lo que la familia había construido.